Una compra de alimentos más responsable

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Seguimos recopilando propuestas para contribuir a la lucha contra el hambre desde nuestro día a día:

En los últimos 30 años se ha impulsado en todo el mundo un sistema agroalimentario apoyado en una agricultura de tipo industrial que ha empujado a los países a la especialización productiva, de manera que cada país se ha especializado en producir a gran escala aquellos cultivos para los cuales tiene una ventaja comparativa. Esto implica, entre otras cosas, que una parte no desdeñable de los productos alimentarios realicen viajes internacionales antes de ser consumidos: kiwis de Nueva Zelanda, tomates de Marruecos, bananos de Ecuador, pescado de las costas de Mozambique, café de Centroamérica, cacao de Costa de Marfil, espárragos y alcachofas de Perú y un largo etcétera de productos viajeros que podemos encontrar en nuestro carro de la compra cada día. En algunos casos, el hecho de que se dediquen en determinados países grandes extensiones de terreno a monocultivos para exportación se hace en detrimento de la producción de alimentos para abastecer a las necesidades de la población local.

El argumento que seguramente podremos escuchar para defender esta situación es que, mientras más crezca la capacidad de esos países de exportar sus productos a otros países, mayores ingresos conseguirán y más posibilidad tendrá su población de comprar todo aquello que necesite. Este razonamiento no tiene en cuenta que hay amplísimos sectores de población que no perciben ningún beneficio de las exportaciones agroindustriales pero sí sufren el perjuicio de las subidas de precios de los alimentos básicos que su país debe importar, especialmente en los últimos años, con un escenario de alta volatilidad de los productos alimentarios básicos.

En este sentido, optar cuando sea posible por comprar productos de producción local puede tener un menor impacto ambiental (ya que esos alimentos viajan menos) y no colabora con el mantenimiento de un sistema agroalimentario profundamente injusto.

Junto a ello, el estilo “moderno” de vida hace que cada vez más personas, debido a las limitaciones de tiempo disponible, realicen una gran compra dos o tres veces al mes, lo cual supone que se compra de una sola vez grandes cantidades de alimentos, con la posibilidad de que una parte significativa se estropee y termine en la basura. Además, la tendencia de nuestra sociedad consumista es la de comprar más y más sin tener en cuenta lo que realmente nos hace falta o si vamos a ser capaces de comernos todo lo que compramos.

Los alimentos que adquirimos y no necesitamos, que en muchas ocasiones terminan en la basura, incrementan la demanda global de alimentos y contribuyen al alza de sus precios sin necesidad. Nosotros apenas sufrimos las consecuencias de las subidas de precios, pero tienen un fuerte impacto en las poblaciones más vulnerables, que deben destinar entre el 50% y el 70% de sus ingresos a comprar alimentos y que, con la subida de precios alimentarios, se ven sumidos en situaciones de inseguridad alimentaria.

Pages from Hambre de justiciafinalHemos extraído este texto sobre el compromiso como persona consumidora de alimentos del documento Hambre de justicia. Siete compromisos capitales en la lucha contra el hambre de la campaña Derecho a la Alimentación. Urgente.

 

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About jorgecastaneda

Responsable de Campañas y Comunicación Externa de ONGAWA. Cuento algunas cosas en Twitter (@jcponline) y en mi blog (http://developmentneedscitizens.wordpress.com/)

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